
Las características de estos personajes auto-realizados incluían apreciación de la belleza, sentido de propósito, resistencia a la culturización, apertura a lo desconocido, gran entusiasmo, poder de centrarse y direccionarse, desapego de los resultados, independencia de la opinión de los demás, y ausencia de una necesidad imperiosa de ejercer control sobre otros. Cada semana analizamos las estrategias que podríamos emplear
como terapeutas para animar a los las personas a convertirse en auto-realizados. A la mitad del semestre, el distinguido profesor dio el examen de mitad de período, que consistía solamente la siguiente pregunta:
"Una persona autorrealizada llega a una cena en la que todo el mundo está vestido con traje formal. Él lleva pantalones vaqueros azules, una camiseta (remera), zapatillas de deporte y una gorra de béisbol. ¿Qué hace? Tienes treinta minutos para escribir su respuesta."
Los doce escribimos entusiastamente durante la siguiente media hora, y luego a cada uno se le pidió que leyera su respuesta en voz alta. Algunas de las respuestas que recuerdo fueron: “él no prestó atención a las apariencias”, “no puso excusas, sino que simplemente siguió actuando como si nada”, “simplemente siguió adelante y disfrutó de la reunión”. Recuerdo que me sentía muy orgulloso de mi respuesta, que se refería a su sentimiento de propósito y su misión superior.
Cuando todos habíamos terminado de leer nuestras respuestas, dijo nuestro profesor,
-"Lo siento, todos ustedes han desaprobado el examen. Sólo necesitaban escribir cuatro palabras. Y procedió a escribirlas en la pizarra.
"Ni se dió cuenta."
“El nivel más alto de conciencia es aquel en el que la persona autorrealizada no se da cuenta de las apariencias y no ve más que el despliegue de Dios en cada persona que encuentra”.
Wayne Dyer
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