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viernes, 7 de octubre de 2011

La discriminación, un comportamiento que nos aleja de la paz


La semana del 18 al 25 de Septiembre se ha conmemorado a nivel global intentando aumentar el nivel de conciencia de todos los sectores de la sociedad para acercarnos a la realización de la paz que tanto anhelamos.
Por Isha

A través de las Naciones Unidas, Unesco y otras organizaciones, se extiende a través de las diversas acciones, a nivel artístico, cultural, la conciencia sobre este tema.

A la vez las noticias nos traen un desfile de dualidades que se oponen entre sí.


Paz sin Fronteras y la Asociación Española para el Derecho Internacional de Derechos Humanos se reúnen proponiendo: Pídele a la Asamblea General de la ONU que apruebe una Declaración Universal sobre el Derecho Humano a la Paz, que contenga las aspiraciones de la sociedad civil ( actuable.es). Al mismo tiempo la exposición de un miembro de la ONU provoca que otro grupo de representantes se retire de la sala en desacuerdo por sus diferencias de opinión o puntos de vista. Noticias de otro suicidio adolescente en Estados Unidos llevado a este extremo a causa del acoso escolar (bullying) basado en su elección sexual, por lo que la ídolo de este joven, Lady Gaga, se reúne con Obama para pedir una legislación que castigue esta forma de violencia escolar, y por otro lado, en el continente europeo, marchan contra la homofobia alzando su voz, llenando las calles de varias ciudades alemanas. Todo esto nos muestra sectores donde la discriminación, por el motivo que sea, es la idea detrás de estas acciones.

La discriminación proviene de una resistencia a aceptar cualquier cosa que esté fuera de nuestras estructuras. Discriminamos en contra de lo desconocido, en contra de aquello con lo que no nos identificamos, que no corresponde a nuestra teología, a nuestras ideas. Para poder definirnos a nosotros mismos como individuos, debemos tener una personalidad. Dentro de esta personalidad estructuramos sistemas de creencias, pero en cuanto comenzamos a identificarnos con ellas, sentimos que tenemos que defenderlas, porque ahora definen quienes somos. A medida que nos convertimos en amor-conciencia, nos damos cuenta que nuestros sistemas de creencias son simplemente ideas que hemos cultivado a lo largo de nuestras vidas. Empezamos a abarcar nuevas perspectivas con una mente más abierta ahora, en lugar de un rechazo automático. Cuando nos transformamos en amor, encarnamos todo. Cuando nos limitamos a nuestra personalidad y a los sistemas de creencias, no hay lugar en nuestras estructuras para nada más.

¿Cuántas de nuestras opiniones son realmente nuestras? En realidad muy pocas de nuestras convicciones vienen de nuestra experiencia directa, la mayoría son adoptadas de nuestras familias y la sociedad en general. Lo que es correcto en una parte del mundo puede ser considerado malo en otra. Lo que una generación rechaza, otra la puede integrar. Tener varias esposas en algunas culturas es ilegal, mientras que en otras es un símbolo de riqueza. El hecho de que una opinión sea generalizada no significa que sea válida, por ejemplo, cuando todos pensaban que el sol giraba alrededor de la Tierra. Si lo buscas, podrás encontrar validación para casi cualquier opinión que tengas. La ilusión siempre confirmará tus temores, ya que funciona como un espejo imparcial que te refleja de vuelta aquello en lo que te estás enfocando. Si tienes un miedo o un juicio, será fácil encontrar el apoyo externo que justifique tu prejuicio.

Prejuicio significa ir a la guerra. Prejuicio significa estar defendiendo siempre una idea y justificando nuestra discriminación con la excusa de un bien mayor - para el mejoramiento de la humanidad, la voluntad de Dios. Los "ismos" son siempre justificados a los ojos del que los promueve.

Históricamente, hemos lanzado bombas, luchado y sacrificado con el fin de proteger nuestras creencias. No hagamos eso ya más. Cada vez que luchamos por una opinión, incluso dentro de nuestra familia más inmediata, estamos creando nuestra propia mini-guerra. El conflicto que percibimos en el mundo es solo una manifestación de nuestra propia violencia interna. A medida que comenzamos a elegir la alegría, aprendemos a amar la dualidad del mundo y las diferencias de los otros, sabiendo que son aspectos de nosotros mismos. Descubramos la ligereza de la risa y escribamos un nuevo relato para los libros de historia por venir.

La naturaleza, con su infinidad de especies, colores y formas, abraza la diversidad. La naturaleza no niega ningún aspecto de sí. La belleza de sus paisajes radica en el contraste y la variedad. Como la naturaleza, el amor también celebra la belleza de la diversidad. En lugar de percibir lo diferente como una amenaza, el amor no silencia ninguna voz. Con cada cambio el mundo renace en una vibración superior, reafirmando los valores de la alegría y el amor, liberándose de la densidad del miedo.

A menudo es más fácil ver la discriminación en los demás que en nosotros mismos. El prejuicio se magnifica en el escenario mundial: la guerra, el racismo, el extremismo religioso y la desigualdad social. Podemos hacer una campaña para cambiar estas cosas, pero la forma más efectiva para transformar estos aspectos de la humanidad es tomando conciencia de ellos en nosotros mismos y hacer un cambio interno. Puede que tú no seas racista, clasista o sexista en sí, pero podrás encontrar lugares dentro de ti mismo donde discriminas. Puede que lo hagas comparando tu trabajo con el de otra persona, o juzgando el nivel de inteligencia de un tercero. Aunque sea mucho más sutil que la opresión abierta, sigue siendo discriminación. Al hacer el cambio en nosotros mismos, podemos empezar a asumir la responsabilidad de las cosas que deseamos cambiar en el mundo. Enfocándonos hacia el interior, volviendo a nosotros mismos, podemos transformar el mundo desde adentro.

Cada "NO" construye un muro nuevo, pero cada "SI" abre una nueva posibilidad.
¿En qué áreas tienes prejuicios hacia otras personas, lugares o cosas? Tal vez miras hacia abajo a las personas que embolsan tus comestibles en la tienda, o quizás frunces tu nariz a un tipo particular de alimentos. Y por otro lado, tal vez pones ciertas personas o cosas en un pedestal, respetándolos o valorándolos más que a los demás.

Presta atención a los pensamientos que tienes a lo largo del día, observando dónde discriminas. Pregúntate a ti mismo: ¿Son estas mis creencias, o son las creencias de mis padres, de mis abuelos, o de mi cultura? ¿Puedes soltarlos y abrir tu corazón a las cosas que has estado dejando fuera?

Hay un lema de la UNESCO que me gustaría citar: “Dado que las guerras comienzan en las mentes de los hombres, es en las mentes de los hombres que las defensas de la paz deben ser construidas”, es simplemente esto lo que te invito a hacer.


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