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lunes, 11 de junio de 2018

¿Y la culpa? Por Jocelyne Ramniceanu

La mente es una fábrica de preguntas que ella misma no puede contestar, pero incansablemente trata de analizar y entre las preguntas que frecuentemente se hace, están las siguientes: ¿qué hice mal? ¿en qué fallé o en qué me equivoqué? o ¿por qué no lo hice de otra manera? Cuando caemos en este tipo de cuestionamientos es porque ya nos estamos sintiendo culpables, incluso antes de formularnos la pregunta.

La culpa es un ataque hacia nosotros mismos que proviene de la ira reprimida, de las situaciones que no se tornaron en nuestro favor, dejando nuestras expectativas insatisfechas y nos producen rabia, resentimiento, y cuando bloqueamos estas emociones o no las logramos procesar sanamente y nos las guardamos, nos van carcomiendo internamente. Ellas se van acumulando alimentadas por pensamientos negativos de desvalorización, de lo que nos decimos una y otra vez llevándonos, a veces, a un sufrimiento excesivo. Nos sentimos indignos y no merecedores.

La culpa se alimenta además de la creencia de ser imperfectos y por eso
nos auto-criticamos por los errores cometidos, también se alimenta de la ilusión de estar separados de los demás, y ser merecedores de castigo.

Todo esto es una elaboración mental, es un programa que nos mantiene presos, atados a nuestras creencias y nos impide vivir en el presente. Nada de esto es real aunque lo vivamos intensamente.

Puedes preguntarte ¿qué debo de estar creyendo en este momento que me hace sentir así? Y aquello que te venga, suéltalo, pero hazlo con amor.

Tu eres un ser perfecto. Aunque internamente lo sepas, aparentemente lo has olvidado, y llegaste a este mundo a experimentar. Las creencias que elegiste válidas para ti, son aquellas que te hacen vivir tus experiencias hasta que las decidas cambiar. La separación es lo que los sentidos y nuestra percepción nos muestran del mundo, pero estamos interconectados a niveles que no tenemos ni remota idea que sea posible.

No negamos la responsabilidad personal, esa es la que nos permite experimentar aquello que estamos experimentando, pero si podemos entender, en otro plano, que este mundo es pasajero e inestable, donde nada permanece y todo cambia, donde la parte eterna de nosotros no es tocada por las acciones temporales o circunstanciales de nuestra vida o la de otros.

No hay nada que yo te pueda decir para convencerte de tu inocencia mientras trates de entender con la mente, ya que en la mente no existe paz. No vivas en la mente, la mente juzga y te trae sufrimiento, te ata a la ilusión de un pasado que nunca fue real. Vigila tu mente, pero hazlo con amor.

La vida es un salón de clase donde tu escoges qué deseas aprender, tal vez decidas comprender que la culpa solo existe cuando crees en ella y permitas a la mente llevarte, en un viaje lejano, al pasado. Pero te invito a dejar de luchar contra los fantasmas y aceptar que todo lo que existe es el momento presente y sentir que el amor en ti es real. Abandona las trampas de la mente que te quitan la paz, zafándote de sus garras, evitando prestarles atención y solo siente. Muchas veces tu cuerpo será el maestro que te devolverá al presente.

Amarte a ti y a otros es perdonar los errores de pensamiento acerca de ti y de otros. Es ser uno con tu ser real. Es vivir desde tu presencia.

El ser verdadero no puede sentirse culpable ni orgulloso, ni exitoso, ni fracasado, tu verdadero ser carece de opiniones y juicios. Conéctate con tu verdadero ser a través de estar presente y reconoce, cuando te sientas distraído, que permitirse que la mente te maneje, regresa de nuevo, respira profundamente y siente.

Te amo

Jocelyne Ramniceanu