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miércoles, 22 de enero de 2014

La receta secreta. Por Viví Cervera

Las personas que me leen suelen preguntarme: ¿Cómo haces para sentirte mejor y que tu vida sea tan fácil?

Sonrío cuando escucho eso. Y respondo:

“Si crees que no me enojo, que no lloro o que no protesto, es porque no me conoces del todo, es porque no me has tratado más de cerca, y no has estado conmigo en una situación difícil de afrontar. Y eso está bien. Pero no te olvides de que para poder tomar un cuerpo físico que te permita vivir en este planeta, es importante traer un disco lleno de recuerdos, es fundamental tener una mente que piense, es básico el dolor, y es válido dejarte atrapar por las ilusiones. Sin dolor no hay placer. Es sólo a través de todo esto como se puede dar la vida en la tierra.

Así que esas personas que consideras ‘exitosas’ o dignas de imitar, traen dolores y angustias como las tuyas, sólo que tal vez son afrontadas de forma diferente.
En mi caso, cuando lloro lloro, cuando me enojo me enojo, cuando me desespero me desespero, cuando protesto protesto, cuando me canso me canso, cuando renuncio renuncio, cuando siento siento, cuando grito grito, cuando me río, me río, cuando escribo escribo.

Es decir, en verdad me experimento y me siento orgullosa de experimentarme en estados y formas de sentir diversas porque soy yo misma cuando una situación difícil me atraviesa. No guardo en mí, la idea de que debo o tengo que ser de determinada manera por mi trabajo o por mis escritos. Yo simplemente me doy permiso de aprobar lo que sea que llegue, lo que sea que elija, lo que sea que diga, lo que sea que haga. Sé que al igual que tú, me debo a una Inteligencia de orden superior y con ella estoy de acuerdo incluso cuando no lo estoy.


Tal vez la receta secreta de la paz sea la que yo practico: que más que elegir siempre al amor como respuesta y como camino, elijo amar hasta el mismo odio si se me presenta. Más que amar lo que la humanidad considera sabio, perfecto y digno, amo lo que yo considero que nació para mí. Amo lo que va llegando. Y más que reprocharme las elecciones supuestamente equivocadas que he hecho y que hago, me apruebo por el hecho de vivirlas, por haber nacido, me apruebo por existir y por llorar.

Soy bastante permisiva conmigo en todos los sentidos. Sé que los silencios obligados duelen tanto como las palabras que hieren. Sé que las lágrimas no vertidas duelen más que el hecho mismo de llorar. Me siento agradecida por ellas. Sé que la vida entera es una idea en mi cabeza y nada más; y que si en algún momento de inconsciencia tengo que luchar contra ella, lo haré con gusto porque comprendo que soy el espacio donde se da la experiencia más que la experiencia misma y por ello en el momento perfecto volveré a aprobarme de nuevo.

Soy el tipo de mujer que jamás se reprocha ningún paso dado, porque paradójicamente aprueba hasta el reproche mismo y lo que venga más allá de él.”

Fin de la respuesta.

Entonces la persona que escucha mis palabras amorosamente, sonríe y me dice: eso necesitaba hoy. Y como parte de un ciclo interminable, en ese lapso del tiempo, yo vuelvo a sonreír.

Gracias por leerme. Paz del corazón.

© Vivi Cervera 2013.