Gracias

Gracias

viernes, 22 de noviembre de 2013

Discriminación: El prejuicio que nos lleva a la guerra. Por Isha

La discriminación nace como resultado de una resistencia a aceptar cualquier cosa que esté fuera de nuestras estructuras. Discriminamos lo desconocido, aquello con lo que no nos identificamos, aquello que no corresponde a nuestra teología, a nuestras ideas.

Para poder definirnos como individuos debemos tener una personalidad. Dentro de esta personalidad estructuramos sistemas de creencias, pero en cuanto comenzamos a identificarnos con estas creencias, sentimos que tenemos que defenderlas, porque ahora están definiendo quiénes somos.

Pero a medida que nos convertimos en amor-conciencia, comenzamos a
darnos cuenta que todas estas creencias son simplemente ideas que hemos cultivado a lo largo de nuestras vidas. Entonces ahora podemos abarcar nuevas perspectivas con una mente más abierta, en lugar del rechazo automático. Cuando nos transformamos en amor, abrazamos todo. Cuando nos limitamos a nuestra personalidad y a los sistemas de creencias, no hay lugar en nuestras estructuras para nada más.

¿Cuántas de nuestras opiniones son realmente nuestras? En realidad muy pocas de nuestras convicciones son el resultado de nuestra experiencia directa, la mayoría son heredadas de nuestras familias y de la sociedad en general. Por otro lado, lo que es correcto en una parte del mundo puede ser considerado malo en otra. Lo que una generación rechaza, otra la puede aceptar. Tener varias esposas en algunas culturas es ilegal, mientras que en otras, es un símbolo de riqueza. El hecho de que una opinión sea generalizada no significa que sea válida: por ejemplo, cuando todos pensaban que el sol giraba alrededor de la tierra. Si buscas, podrás validar casi cualquier opinión que tengas. La ilusión siempre confirmará tus temores, ya que funciona como un espejo imparcial que te refleja de vuelta aquello en lo que te estás enfocando. Si tienes un miedo o un juicio, será fácil encontrar el apoyo externo que justifique tu prejuicio. Prejuicio significa ir a la guerra.

Prejuicio significa estar defendiendo siempre una idea y justificando nuestra discriminación con la excusa de un bien mayor – para el mejoramiento de la humanidad, la voluntad de Dios, etc. Los “ismos” son siempre justificados a los ojos del que los promueve.

Si observamos la historia de la humanidad podemos ver que hemos lanzado bombas, hemos luchado y hemos sacrificado vidas con el fin de proteger nuestras creencias. No hagamos eso ya más. Cada vez que luchamos defendiendo una opinión, incluso dentro de nuestra familia más inmediata, estamos creando nuestra propia mini-guerra. El conflicto que percibimos en el mundo es sólo un reflejo de nuestra propia violencia interna. A medida que comenzamos a elegir la alegría, aprendemos a amar la dualidad del mundo y las diferencias de los otros, sabiendo que son aspectos de nosotros mismos.

Descubramos la ligereza de la risa y escribamos un nuevo relato para los libros de historia por venir.
La naturaleza, con su infinidad de especies, colores y formas, abraza la diversidad. La naturaleza no niega ningún aspecto de sí. La belleza de sus paisajes radica en el contraste y la variedad. Como la naturaleza, el amor también celebra la belleza de la diversidad. En lugar de percibir lo diferente como una amenaza, el amor no silencia ninguna voz. Con cada cambio el mundo renace en una vibración superior, reafirmando los valores de la alegría y el amor, liberándose de la densidad del miedo.

A menudo es más fácil ver la discriminación en los demás más que en nosotros mismos. El prejuicio se magnifica en el escenario mundial: la guerra, el racismo, el extremismo religioso, la desigualdad social. Podemos organizar una campaña para cambiar estas cosas, pero la forma más efectiva de transformar estos aspectos de la humanidad es tomando conciencia de ellos en nosotros mismos y haciendo un cambio interno. Puede que tú no seas racista, clasista, sexista u homofóbico en sí, pero podrás encontrar lugares dentro de ti donde discriminas. Puede que lo hagas comparando tu trabajo con el de otra persona, o juzgando el nivel de inteligencia de un tercero. Aunque sea mucho más sutil que la opresión abierta, sigue siendo discriminación. Al hacer el cambio en nosotros mismos, podemos empezar a asumir la responsabilidad de las cosas que deseamos cambiar en el mundo. Enfocándonos hacia el interior, volviendo a nosotros mismos, podemos transformar verdadera y profundamente el mundo.
Cada “NO” construye un muro nuevo, cada “SÍ” abre una nueva posibilidad. ¿En qué áreas tienes prejuicios con personas, lugares o cosas? Tal vez miras en menos a las personas que embolsan tus comestibles en el supermercado, o quizás frunces tu nariz ante un tipo particular de alimentos. Por otro lado, tal vez pones a ciertas personas o cosas en un pedestal, respetándolos o valorándolos más que a otros.

Presta atención a los pensamientos que tienes a lo largo del día, observando dónde discriminas. Pregúntate a ti mismo: ¿Son éstas mis creencias o son las creencias de mis padres, de mis abuelos, de mi cultura? ¿Puedes soltarlos y abrir tu corazón a las cosas que has estado dejando fuera?

Hay un lema de la UNESCO que me gustaría citar: “Dado que las guerras comienzan en las mentes de los hombres, es en las mentes de los hombres donde las defensas de la paz deben ser construidas”. Es simplemente esto lo que te invito a hacer.

Isha