Gracias

Gracias

viernes, 5 de diciembre de 2014

L a verdadera libertad. Por Isha

Has llegado alguna vez a un punto en tu vida en que sientes que lo has tenido todo, y que aún así algo te falta? Cuando tenía entre 20 y 30 años, mi éxito externo tendría que haber sido suficiente, pero aún así no me sentía feliz.  Los objetos que había acumulado, mi estatus y logro profesional, todo parecía demasiado frágil, demasiado vacío,  para ser lo único que existía.  Estaba sedienta de algo más, pero ese algo parecía intangible. Libertad, amor, sonaban como palabras de una pancarta hippie, y  no sabía a dónde ir ni como experimentarlo.
La percepción común de lo que es la libertad se desvanece cuando experimentas la verdadera libertad.  Pensamos que la libertad es algo que nos permite hacer lo que queramos e ir a donde sea, pero esta definición no contempla el hecho
de que la persona que más nos controla y juzga, somos nosotros mismos.  La verdadera libertad no es algo que pueda ser garantizado o quitado por otro, como cualquier admirador de Corazón Valiente (Braveheart) sabe.  Solo tú tienes el poder de garantizarte a ti mismo la libertad verdadera.
La libertad es auto aceptación, es permitirte ser, es soltar la necesidad desesperada de recibir aprobación externa, lo que nos lleva a limitarnos y controlarnos, adoptando reglas sociales incómodas para poder encajar.  La aprobación externa jamás será suficiente mientras continuemos necesitándola, y esto es así por una verdad muy simple: no nos aprobamos a nosotros mismos.  Por eso es que intentamos obtenerlo de otros.
¿Cómo puedes llenar un vacío interno con reconocimiento externo? ¿Cómo puede la apreciación de otras personas  compensar tu propia auto crítica?  Sustituir el amor a ti mismo con la aprobación externa es como subir el volumen del televisor para no escuchar el llanto de un bebé - una distracción que en nada ayuda en esta situación.
El darse cuenta de esto es hacer un giro fundamental en la percepción: un giro desde la victimización hacia el hacerte responsable.  Esta  es la verdadera responsabilidad: hacerse cargo de lo único sobre lo cual puedo tener control: la elección que yo hago en este momento.  ¿En qué te estás enfocando tú ahora? Te puedes enfocar en lo que otra persona está pensando sobre ti, o te puedes enfocar en abrazarte a ti misma.  Te puedes enfocar en lo que estás percibiendo como erróneo y que te falta, o te puedes enfocar en la apreciación.  Ahí yace realmente nuestro poder como seres humanos, y en realidad el único poder que siempre tendremos: el poder de elegir. Cuando te das cuenta de esto, verás lo importante que es lo que eliges en cada momento, ya que aquello en lo que eliges enfocarte es lo que crecerá.
La verdadera libertad es el ser libre de la victimización.  Es tomar responsabilidad por quien uno es, y abrazar quien eres confiando en tu voz interior.  Cuando encuentras la libertad verdadera, ya nadie puede quitártela.