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lunes, 12 de septiembre de 2011

Neurocuántica:


El poder de cambiar y las neuronas


Definición: axón
El axón es la prolongación distal de la neurona.  Este se encuentra recubierto de mielina que es como el aislante de un cable. El  axón a su vez es como un cableado (un grupo de neuronas interconectadas) que dispara el estimulo ante determinado comportamiento  (en realidad responde a un emoción).   Otros disparadores que quizás no tengan que ver con el evento que originalmente desencadenó ese cableado (por ejemplo una maestra me ridiculizo de niña/o)  dispara ese cableado y la respuesta es alterada. Lo que se intenta hacer con distintas técnicas cognitivas o psicoterapéuticas hoy en día es desarrollar nuevos cableados,  algo así como una nueva red de neuronas para cambiar patrones de pensamientos disfuncionales. 

                                                                    
Por Alberto Ivern, filósofo


                                      
        
El cambio y las neuronas
Nuestras neuronas contienen información disponible para uno. Pero esa información aislada no tiene sentido.  Adquiere significado cuando se conecta con otra información o sea con otra neurona.  Esa conexión entre la información de una neurona con la de otra como definimos anteriormente se llamaaxón*”.  El axón, describiéndolo en forma simple, es un impulso eléctrico.  Lo importante es que una vez que se ha establecido un axón, es decir una conexión entre dos informaciones, ese axón se dispara automáticamente.  Por ejemplo, si yo tengo asociada la idea de “progresar” a la idea de “sacrificio,” cada vez que piense en progresar, automáticamente, voy a pensar también
en sacrificarme, pues tengo conectadas
esas dos informaciones, es como si una incluyera a la otra.



 El axón es la extensión de la neurona que lleva la información  hacia otra zona de la siguiente neurona llamada dendritas. O sea la neurona tiene un cuerpo y dos extremos de prolongaciones: una por la que recibe (dendritas) y otra por la que transmite (axón) La conexión entre dos neuronas se realiza a través de neurotransmisores que son sustancias químicas.   El impulso nervioso viaja eléctricamente por dendritas y axones y se descarga en el espacio sináptico como neurotransmisores. Cuando hay una conducta adictiva o sistemática, hay una red, un cableado neuronal,  que responde.   Este cableado a veces es patológico por lo repetitivo.  
El  tema pasa por aprender a establecer nuevos cableados para modificar la   conducta, lo cual es posible  gracias  a la plasticidad que tiene el sistema de   crear nuevas conexiones.                                                                                          
 
(Nota: recomendamos ver la película  “What the Bleep do We Know” o su nueva versión “Down The Rabbit  Whole” que en español se llama ¿Qué Rayos Sabemos?, donde el concepto del funcionamiento de los axones está muy bien graficado)
Dejemos ahora de lado cómo se produjo la conexión a nivel neurológico, y pensemos que ocurrió en nuestro “pasado,”  en un entorno familiar, personal, social… y que ahora se dispara automáticamente.

Si alguien me habla de progresar, yo, de inmediato, pienso que me están hablando de mayor sacrificio.  No puedo concebir otra forma de progreso: placentero, sencillo, inmediato, auto estimulante, etc.  La mala noticia es que ese “axón” seguirá allí instalado, disparándose sólo sin mi control.  Pero la buena noticia es que es posible generar nuevos axones (asociaciones), es decir asociar  la idea de progreso a otras estrategias y emociones, a otras formas de lograrlo (recordemos que la plasticidad que tiene el sistema nos permite hacerlo.)

Para ello es útil revisar aquel pasado en el cual se formó esa asociación que ahora me molesta o ya no me sirve.  Revisarlo no para “volver para atrás” (lo cual es, además, imposible) sino para rescatar otras probables representaciones de ese pasado.  Por ejemplo: es posible que hayan habido otros parientes, otros conciudadanos, otros amigos incluso, que progresaron sin tanto sacrificio; hubieron otros que se sacrificaron más que yo y sin embargo no por eso progresaron. Mi fórmula progreso = sacrificio se va des-absolutizando. 
Si no encuentro ejemplos entre el núcleo de mis conocidos, puedo alargar mi mirada más allá de mi barrio, de mi pueblo… Siempre voy a encontrar diferentes experiencias de otros caminos/alternativas para progresar, otras estrategias, otros modelos… que “relativicen” el mío, que me inspiren y debiliten el viejo e inservible.

Ahora puedo ver que sacrificarse es una de las opciones posibles, no la única opción.  Puedo ver que hay otras posibilidades y que puedo apropiarme de alguna o de varias de ellas, para progresar.  Voy a poder empezar a pensar en progresar desde otras imágenes, desde otros paisajes, desde otros aromas, sensaciones, sentimientos…es decir desde otras vibraciones.

Según la neurocuántica, a medida que utilice estas nuevas asociaciones de datos –aunque aquel viejo axón siga funcionando, y por un tiempo, contin
úe mal aconsejándome, como un molesto “otro yo”-, aquella vieja conexión irá dejando de ser la única-válida -posible forma de lograr algo hasta quedar definitivamente en desuso.  Aparecerán nuevas opciones: se ensancha el campo de mi libertad.

Este nuevo sentido de “revisar el pasado”, no es un “mirar para atrás” sino un mirar cómo estamos mirando.  Poder revisar esa mirada, que cargamos  como un mandato, y poder modificarla, permiti
éndonos otras miradas posibles, incluso, desde aquellos contextos pasados en los que pretendían justificarse.  Se trata de revisar “eso que hicieron con nosotros”, como diría Sartre.

Si no producimos esas  nuevas opciones y nos quedamo
s con esa única-válida-verdadera-posible forma de accionar, de encarar, de emprender…que traemos  del pasado,  entonces aquel “pasado”, lejos de “no existir” – como se pretende, ingenuamente,  sigue “estando” ¿Dónde?  Adentro nuestro y sigue incidiendo ¿Cómo? , replicándose indefinidamente.  Se convierte en un “proyecto de futuro”.  El futuro se vuelve  tan inexorable como el rígido ayer, como dice Borges en el prólogo al “Libro de los Cambios”.

En cambio el sujeto que logra des-sujetarse de esos automatismos, que como mandatos operaban sobre él cada vez que pretendía “elegir su propio destino”, ahora, a medida que logra concebir su deseo, empieza a registrar oportunidades que antes no podía registrar, precisamente porque no las “concebía”  (no podía creerlas, imaginarlas) o no las concebía para sí (no se concebía merecedor de ellas).  Finalmente lo que siempre quiso, “se le ha dado”, ha podido “hacerlo posible”.

Lic. Alberto Ivern. 
Filósofo. Univ. Buenos Aires-Argentina
www.albertoivern.com.ar