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sábado, 21 de noviembre de 2015

Todo se mueve muy rápido. Por Isha

Se va el 2015. Y parece todo tan rápido… ya llega 2016…Y si vemos en perspectiva todo lo aprendido por el ser humano la sorpresa es aún mayor. Pensemos en todo  aquello que nuestros padres nos contaron sobre sus tiempos y los de sus ancestros,  o en la ciencia, que hoy supero por mucho la ficción de ayer, defenestrando supersticiones y empujándonos incluso a encontrarnos con nuevos planetas… Todo parece vertiginoso… Sin embargo, en ese vértigo se impone la reflexión. 
La ciencia moderna ha experimentado incluso hasta coincidir en la actualidad con creencias y plegarias espirituales y esto da muestras de que hoy todo 
Se está unificando, toda separación se está disipando,
pero requiere de nosotros para permitir esta evolución.
Como yo siempre les digo, si no hay evolución no hay cambio, si no hay  cambio no hay vida, pero tenemos que permitirle el ciclo natural en  lugar de aferrarnos al pasado como algo estático e inamovible.  
Nuestros hijos, nietos, y hasta bisnietos nos enseñan hoy la velocidad  del cambio, la presencia de lo que es en cada momento y cada uno de nosotros podemos aprender, experimentar, y unirnos en vez de separar.
Hay tantas ideologías en el mundo. Algunas de ellas son hermosas y  otras son destructivas. Algunas son creativas y otras son represivas. Algunas tal vez las deseamos aplicar y otras no nos atraen, pero todas 
Tienen una cosa en común: todas ellas son sólo ideas (de ahí la raíz de la palabra: ideo-logía).
En nuestra búsqueda para sentirnos seguros y definir nuestra  identidad, nos apegamos a una idea tras otra. Nos encerramos en una caja rígida tras otra.
Pero el amor-conciencia es como una habitación sin paredes. No se puede encajonar, ni cerrarse, no tiene opiniones, sólo  una apertura constante a la evolución, un enfoque firme en la expansión del amor. Su expansión, su vibración, su alegría es infinita y eterna.
Algunas ideologías vibran más en el amor-conciencia, pero si somos  insistentes –tiene que ser así– se convierten en opresivas. Este no es el comportamiento del amor-conciencia. El amor-conciencia no segrega. Lo abarca todo y dentro de ese abrazo se mueve con alegría  hacia una vibración más elevada del amor. A aquello que es inmaduro, que ya no sirve, lo descarta naturalmente en su constante evolución hacia  una mayor conciencia, hacia la unidad.
No se trata de negar las cosas que percibimos como algo negativo en el mundo –como la guerra, el hambre o la discriminación–, se trata de contribuir con aquello que queremos ver más –la paz, la libertad, la aceptación–. Unir en lugar de  separarnos. Aceptar en lugar de eliminar. 
La física cuántica puede  demostrar nuestra unidad, a pesar de que no se lo puede explicar. Esta es  la experiencia máxima, imposible de entender, imposible de negar.
En la espiritualidad moderna, se habla mucho del ego. Pero yo he visto a muchas personas quedándose  atrapadas en la lucha contra él o tratando de destruirlo. Esto viene  de un malentendido muy común: la idea de que el ego es intrínsecamente  malo o hasta malvado. Esto alimenta la creencia de separación, la separación de uno mismo. No hay nada malo con el ego. Es sólo una protección. El ego comprende la personalidad individual, las máscaras y las defensas que utilizamos  para ocultar nuestra inseguridad. Para explicar esto, a menudo uso la  siguiente analogía.
En tu viaje hacia el despertar, no trates de destruir el ego ni  luchar contra él: pues al hacerlo sólo estás alimentando la  separación. En cambio, enfócate en cultivar esa majestuosa águila que está en tu interior. Cuando tu conciencia haya madurado, el ego se desprenderá naturalmente sin ningún tipo de esfuerzo de tu parte,  porque ya no quedará nada que proteger.
No transformes una idea en particular en algo especial. Lo único especial, lo único importante, es la alegría del ser, esa paz, ese amor, creciendo y moviéndose en olas y expandiéndose permanentemente,  como el testigo silencioso de un mundo en evolución.
Con el tiempo, he encontrado que hay un núcleo común que nos mueve a todos, independientemente de toda nacionalidad o credo: el amor. Todas las religiones están de acuerdo en que Dios es amor. La forma en que se presenta esta sabiduría puede cambiar y la parafernalia alrededor de  esta verdad puede ser diferente, pero la verdad central es común a todas las religiones. En los brazos de la unión, podemos ver a un solo ser, un amor porque en última instancia todo es amor.