Gracias

Gracias

viernes, 4 de julio de 2014

El dolor de las expectativas. Por Jocelyne Ramniceanu

Todos tenemos deseos de cosas que queremos obtener y logros que queremos realizar, y sin darnos cuenta nos zambullimos en ellos cruzando la frágil línea que separa el anhelo convirtiéndolo en expectativa. Es un límite muy tenue, donde nuestro deseo queda transformado al dejarnos llevar por nuestras creencias, creando una matriz, una idea, un “cómo debería ser” esa realidad. Visualizamos, y nos hacemos la película mental completa del cómo, del cuándo, y del donde.
Es natural que soñemos y nos imaginemos aquello que queremos y que nos apasiona, y entonces, vamos por ello. Fijamos nuestra atención en un resultado determinado, forjarnos una idea
de lo que queremos y hacemos todo lo posible por conseguirlo. Nuestra mente comienza a sentir la ilusión y en ese deseo inicial emplazamos todo nuestro esfuerzo e incluso ponemos en juego nuestra valía, y nuestro sentido del merecimiento. Colocamos en ello tanto afán que si no logramos lo que queremos, nos sentimos fracasados, nos juzgamos y nos restamos valor.
Si algo nos duele, son las expectativas no cumplidas, ellas son la causa del dolor emocional.
Es justo antes de que en nosotros nazcan las expectativas cuando debemos soltar el apego a los resultados. No se trata de no realizar acciones en dirección a aquello que deseamos, se trata de confiar en que el resultado sea cual este sea, siempre será el mejor para nosotros y seguir adelante abiertos, libres. Podemos simplemente fluir sin esperar nada, y veremos cómo todo nos será dado de la mejor manera.
No quiere decir que no tengamos sueños y aspiraciones, pero en cierto momento los tenemos que soltar y confiar en que lo que resulte siempre será bienvenido.
Sentir pasión hacia algo, siempre que la motivación no esté basada en el temor ni en nuestras creencias, ya nos conecta con esa parte nuestra que nos guiará por el camino a obtener el mejor resultado posible para nosotros. Nos conecta con la posibilidad de transformarnos en la mejor versión de nosotros mismos, y entonces nuestro ser estará alineado al campo de todas las posibilidades. Cuando no esperamos ningún resultado en particular y a la vez estamos abiertos a experimentar, el Universo nos da sorpresas y allí es cuando suceden los milagros.
Esa parte de la que hablamos, es nuestro Yo Superior, el Aumakua como lo llaman los hawaianos, nuestro guía , es una parte de nosotros mismos que no se encuentra en la mente que piensa, no está ligada a nuestros programas, y puede ver la película completa. Esa parte nuestra para podernos guiar, necesita que nos pongamos a un lado, y confiemos. Ella nos guiará si silenciamos nuestras creencias y la dejamos actuar. Esa parte nuestra siempre nos sorprenderá cuando abandonemos las expectativas, ya que las expectativas son programas de nuestra mente que impiden el cambio, lo nuevo, lo inesperado.
Las expectativas son una manera de decirle a nuestro Yo Superior como debe ser aquello que nos debe ocurrir. La mente consciente no tienen ni la capacidad ni es su función saber ni que, ni como lo que va a ocurrir, ocurre. Si te fijas bien, nunca tus minuciosos planes se cumplen tal como te los imaginas o los hayas programado.
Para dejarla actuar, debemos confiar, y no decirle como queremos que las cosas sean o sucedan, porque la estaríamos limitando. Le estaríamos indicando que nosotros sabemos lo que nos conviene, y de esta manera bloquearíamos toda la información que nos llevaría a resultados insospechados.
Ese guía eres Tú mismo, es la parte tuya que se encuentra en otra dimensión separada del cuerpo físico y siempre actuará en tu propio beneficio.
La magia siempre funciona cuando después de tener una clara intención, confiamos y soltamos el control sobre los resultados, para que suceda lo que es mejor para nosotros.
Cuando tenemos expectativas, sentimos añoranza por aquello que no tenemos y el Universo nos complace dándonos más de lo mismo, nos da más el seguir sintiendo “deseos por conseguir aquello que nos falta”. Si no tenemos expectativas de lo que queremos que ocurra, jamás nos sentiremos defraudados.
No es tan difícil NO tener expectativas, solo vibra con la alegría que sientes sin poner tu atención en los resultados y déjate sorprender.
Recuerda: Cuando tenemos expectativas no le estamos entregando nuestra voluntad a nuestro ser superior y seguimos manifestando más de lo mismo en nuestras vidas, nada nuevo sucede porque nuestros programas son los que están al mando.
Suelta y ábrete a lo inesperado con confianza. Al no esperar nada, no hay manera de sentirte desilusionado.
Te amo
Jocelyne Ramniceanu