Gracias

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sábado, 5 de noviembre de 2011

Víctimas del afuera. Por Isha


Escucho la queja, como si el afuera tuviera la culpa, como si algo o alguien fuera responsable de lo que eliges o no eliges hacer. No padezcas tu experiencia, suelta tu rigidez.
lunes, 08 de agosto de 2011 Losandes
   
Puedes disfrutar de tu entorno y al mismo tiempo estar enfocado en ti, solo se trata de permanecer centrado. Puedes admirar el paisaje mientras permaneces anclado profundo dentro de ti. Elige eso en cada momento: elige ser conciencia, y siendo conciencia, puedes disfrutar de todo sin perderte en ello. Mantente presente con ti.

Si eres rígido para mantener un cierto estado interno, responsabilizando a lo externo por lo que no haces tu, te estás defendiendo, no estás abierto. En ese lugar hay una ignorancia y hasta una arrogancia, que son solo protección. Y lo verás, es algo fácil de ver, porque en realidad el amor no necesita defenderse, es totalmente vulnerable, aún frente a la injusticia, porque está creando todo para sanar.


Cuando te proteges, no te estás abriendo a recibir. Las cosas que provocan estrés no son racionales, ni siquiera tienen que ser verdad. Es lo que tu consideras falso, injusto, eso es lo que te mueve.

Así, cuando el amor a ti mismo se profundiza y utilizas todo para ser más, tu estima por ti se eleva, estás enfocado en apreciarte, en agradecer, en amar, estás anclado en ese amor internamente y lo compartes.

Y así te sientes más fuerte y más claro, y totalmente real, y te aceptas a ti mismo completamente, porque eres perfecto. El miedo, la inseguridad, la duda, el cuestionamiento y el juicio, todo eso se va, y solo te aceptas a ti mismo exactamente como eres, en lugar de cortar todas esas partes para poder caber en la cajita que tiene todo ordenado, controlado, estructurado.

Solo sé gentil contigo mismo. Y haz elecciones para ti, no te abandones. Es la única forma de aumentar la autoestima: poniéndote a ti en primer lugar, amándote a ti primero, y luego experimentarás y podrás dar abundancia de amor.

Si eres de esas personas que andan por ahí cuidando a todo el mundo, ¡la madre gallina!, bien, haz una nueva elección: cuídate a ti misma. Enfócate en tu conciencia. Lo más importante, para cualquier persona, es la conciencia. Enfócate en tu crecimiento. Verás así cuán nutrida estarás para dar a otros, cómo será el resultado natural de aquella abundancia interna que estás experimentando y cómo podrás permitir que la verdadera naturaleza del amor fluya: el dar. No estarás comprando amor ni aprobación, y por lo tanto, no estarás resentida o midiendo lo que te dan, sin poder recibir.

Fíjate, cualquiera sea el rol que cumplas, en el hábito de culpar al afuera, a algo externo (pareja, hijos, gobierno, clima, infancia o lo que sea) por lo que sientes, por lo que no salió como tu esperabas, o querías. Y si te ves hacer esto, vuelve a ti, y siente. No comiences a recopilar elementos o excusas para justificar tu caso, como un abogado que quiere probar lo indemostrable y que tiene que hacer mucho ruido para ser escuchado. La mente es así, empieza a acumular razones, a gritarlas, a apuntar a cualquier lado. Más bien detente, apúntate a ti mismo, siente aquello que quieres evadir, y sobre ese terreno fértil la responsabilidad puede dar sus nuevos brotes y crecer, sin queja, sin lamentos, sin mas victimización, sino en un pleno vivir.

Anímate a abrazar tu vida en la conciencia, el amor y la plenitud de tu ser interior.

ISHA