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domingo, 11 de junio de 2017

Como reconciliarte contigo mismo. Por Vivi Cervera

¿Cómo me reconcilio conmigo? me pregunta una lectora. Y creo que a través de ella, algunas otras personas.
Y es que reconciliarte contigo, de lo fácil se hace complejo, pero creo que puede ser resumido en algunos pasos:
  1. Dilo. Exprésalo en voz alta, ahí en tu cuarto, en tu intimidad. Siéntelo. «Me perdono completamente». Las palabras: completamente, verdaderamente, profundamente, absolutamente, sinceramente, amorosamente, cariñosamente… o la que elijas de acuerdo a tu sentir, le aportan una fuerza maravillosa al perdón. Esta es la importancia que tienen las palabras. Un adjetivo y un verbo, bien utilizados pueden hacer una gran diferencia. También puedes escribirlo. Lo que te haga sentir mejor.
  2. Cuando la reconciliación contigo llega a ser difícil es porque hay una culpa inmensa detrás. Y a veces esta culpa se disfraza, mientras ocupamos el lugar de la víctima, y siempre que somos víctimas, al unísono ejecutamos el papel de victimario. Ambos roles van tomados de la mano. Entonces, si un sentimiento de culpa impide el proceso de paz interior, sólo pronunciarás una y otra vez: te quiero, lo siento, por favor perdóname, gracias. Aunque no las sientas. Sucede que mientras no las sientes, estás desactivando el viejo pensamiento que dice: no puedo perdonarme. Y a esto le llamamos borrar o limpiar o dejar ir.
  3. Aprende a mirar con el alma. O sea a saber que tú eres la suma de muchas existencias, de muchos mundos, de muchos seres. Lo que quiere decir, que en esencia nada es tu culpa, que a veces y humanamente hablando, el perdón radical, el perdón hacia sí mism@s, requiere espacio y tiempo. Porque quizás estos espacios y tiempos están llenos de los odios o estados de no perdón de otros seres, de esos que contienes y cuyos datos que  directa o indirectamente, también te traspasan, estás dejando ir. No obstante, tu refugio, tu techo, tu casa en el árbol, durante ese espacio/tiempo, son las 4 palabras sanadoras: te quiero/te amo, lo siento, perdóname, gracias; o cualquier otra que llegue a ti, a través de tu inteligencia divina. Ellas abrirán más puertas para ti. Puertas que no sabías que existían, o puertas que parecen haber estado cerradas mil vidas. Escúchalas abrirse.
  4. Disfruta el camino. Y con esto no te estoy pidiendo que sonrías siempre. Sólo que disfrutes de la tristeza, o sea que llores y sepas que eso es humano. Que a veces te confundas tanto que sientas un profundo estancamiento y que comprendas que eso es sólo una temporal percepción. Que a veces sientas que no hay salida, o que no hay solución, pero que respires mientras agradeces lo mucho o lo poco. Que a veces sientas dolor físico y no encuentres alivio, pero que sepas que ese dolor es el alivio que ha elegido tu alma para ayudarte a desprenderse de otras cosas. Que a veces sientas tanto resentimiento y enojo que eso nuble tu camino, pero que te digas a ti mism@: las ideas, los sentires, las percepciones, son pensamientos, datos, información que viaja a través de unidades/cuerpos humanos y aún el no poder liberarlos es otro pensamiento que se puede agradecer y soltar, dejar ir.
  5. Que pase lo que pase no hay nada malo en ti. Que con todo ese montón de preguntas, heridas, dolores, memorias, desaciertos y dudas, eres admirad@, honrad@ y amad@, allí en la estrella de tu alma, donde se encuentran todos los cielos, todos los vuelos, todo el amor del mundo. Allí todos los que te miramos, te confiamos la existencia porque sabemos cuán valiente has sido al nacer. Cuán heroico ha sido tu existir. De cuánto amor estás hech@.
De ti estoy aprendiendo. Gracias por leerme.
Vivi