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lunes, 14 de diciembre de 2015

La belleza de lo imperfecto. Por Vivi Cervera



Preguntas de una lectora:
—Vivi ¿Te enganchas con las situaciones de tú vida?
—Sí claro. Suelo hacerlo, es parte de mi naturaleza.
—¿Cómo lo solucionas?
—No lo hago. Simplemente no me engancho con mi enganchamiento.

Lo que en otras palabras significa, que lo dejo ser. He puesto este diálogo como ejemplo para hablarte sobre la belleza de lo imperfecto, la belleza natural que tiene tu ser.

Cuando escribes sobre temas espirituales,
puedes sentir esa irresistible y dulce tentación de mostrarte como alguien perfecta, que siempre está sonriendo, que jamás se enferma, que no necesita absolutamente nada, que tiene todas las soluciones o las respuestas, y que no comete los errores de cualquier mortal, alguien que encaja perfectamente dentro del modelo establecido para un(a) maestro(a) espiritual.
Entonces supones muchas cosas, como por ejemplo que un(a) maestr@ no fuma, no se emborracha, no consume refrescos ni carne, no se enoja, no dice palabras altisonantes, siempre actúa bajo las normas, responde a los insultos con una sonrisa de otro mundo, desconoce la angustia, tiene una moral intachable, no va a rumbear a discotecas, que medita no sé cuántas horas al día, que es heterosexual, o célibe, o que si tiene sexo es por supuesto, sexo tántrico.

¿Y sabes qué?
Nada de eso es verdad. Si la cotidianidad o las sombras persiguen a alguien es a quien enseña sobre el amor. Y hablo por mí, ya que soy la antítesis de lo que se considera una maestra espiritual, y definitivamente es gracias a ello como puedo escribir. No obstante, y de muchas otras maneras, todos somos maestros. Hay muchos en las redes sociales, expresándose, diciendo lo que sienten, desnudándose sin miedo al qué dirán. Gente que no escribe libros, ni imparte conferencias, ni nada. Es de ellos de quienes aprendo. Amo leer a alguien que me muestra su oscuridad, iluminada por la claridad de la expresión, de la aceptación, de la respuesta. No estoy interesada en leer a maestr@s perfect@s, pues no podría llegar jamás a donde ellos creen estar.

Es por esto que hace tiempo publiqué en mi cuenta de Twitter (@Vivi_Cervera) la frase siguiente:
«Aviso de ocasión: Se necesitan maestr@s espirituales y terapeutas, más reales e imperfect@s en el planeta tierra.»
Porque así es como yo les necesito; amo esa clase de maestr@s, tan perfectamente humanos, tan alejad@s de poses, tan auténtic@s y bell@s. Leo much@s a diario, como por ejemplo a aquella mujer que es madre de familia pero que se libera al escribir sobre erotismo o sexo. También a aquella que tiene un(a) amante a escondidas y que a diario le escribe un poema. A aquel hombre al que ninguna relación le funciona pero se deleita en escribirle a quien jamás volverá. Aquella chica que la sociedad define como «loca» pero que escribe como pocas. Aquella que siempre está deprimida pero que en realidad le está extrayendo toda la información a la tristeza para iluminarla. Aquel que te hace reír con un juego de palabras sin igual. O ese otro que se expresa en su sitio sin más ropa que palabras. No insultan, no trollean, no enseñan, no se consideran maestr@s, y no tienen idea alguna de espiritualidad, sólo dejan su perfume en el aire. Cuentas pequeñas. Eso busco.

Las personas que nos leen, nos aman humanos, nos aman imperfectos, falibles, con miedos, con tristezas, o con alegrías en el alma, nos quieren tal como vinimos, nos aman tal como fuimos paridos. No hay ningún peligro en mostrarles como realmente somos, como verdaderamente sentimos. Las personas que nos leen (o la mayoría), poseen la virtud de abrazarnos aunque estemos cubiertos de lodo. Ellas saben que solemos equivocarnos, sin que lo digamos. Por todo eso es magnífico desnudar el alma frente a ellas. Y este tema también cobija a quienes son terapeutas, o trabajadores de la luz.
De hecho, si has tenido algunos logros, si has avanzado mucho emocionalmente hablando, si tienes una elevada comprensión del mundo y de la vida, pero no logras mostrarte como humano, entonces a quienes te leen se les hará más complicado llegar a donde tú estás. Y tú quieres que ellos estén contigo, quieres que ellos logren lo mismo o más que tú.

Entonces escribe y déjanos tu verdadera huella, esa que por imperfecta jamás podrá ser copiada.
No podemos despojar al humano (maestr@ espiritual o no) de su humanidad.  No podemos o quizás no debemos desconocer que hay una belleza única en lo imperfecto. Permitamos que el día, tenga su noche.

Gracias por leerme.

© Todos los derechos reservados. Vivi Cervera 2014.


Arte: Picasso.