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viernes, 4 de septiembre de 2015

4 Palabras que curan: De las Pléyades a la Tierra. Por Vivi Cervera

Ilustración de Aleix Cabrera
La misión humana no era tan simple. Habíamos venido aquí a amarnos incondicionalmente y a crear paz para poder experimentar una nueva tierra. Casi nunca bajo el nivel de la mente lo lograríamos, pero esto a nadie se le explicaba al nacer. La salida de ese nivel había que descubrirla o quizás se ganaba por créditos acumulados, o por méritos a lo largo de la existencia. Ella, la mente pensante, siempre nos estaría ofreciendo información vieja, de dolores e injusticias padecidos a manos de otros humanos o de la misma vida, cuya raíz principal nos sería siempre desconocida.
Ella, la propia mente sería el enemigo escondido dentro de cada uno de nosotros, y por creerle, desataríamos guerras aparentemente sin sentido. Sin embargo, era nuestro derecho
sentir y expresarnos tal como lo hacíamos. Era nuestro derecho pelear con los fantasmas. Era nuestro derecho proceder de acuerdo a nuestro diseño y aparte de todo, no teníamos opción. Creíamos que eso era el amor.
Con el tiempo aprenderíamos que cada momento difícil, cada guerra, cada odio era parte de una memoria necesaria insertada en el ser. No eran las mujeres, ni eran los hombres. Eran sus programas. Y extrañamente, de esos programas nacería la fuerza para empezar a sanar, para finalmente poder declarar nuestra inocencia. Para hacer de nuestras niñas y niños, seres libres.
La verdad es que casi nunca, bajo el nivel de la mente podríamos alcanzar la dicha o la paz interior, que es la misma paz del mundo, puesto que cada uno de nosotros es el mundo. No importaría la cantidad de dinero en el bolsillo, no importaría la cantidad de fiestas y luces que pudieran rodearnos, no importaría el lujo y el confort. Dentro de la mente, habría infelicidad. Pero más allá de ella, ahí donde somos todo y nada, ahí sí. Conozcamos un poco la historia:
Pasaría algún tiempo. De galaxias lejanas (para mí, las Pléyades), nos enviarían 4 códigos secretos para desactivar la mente y así conocer el amor incondicional. Así fue como llegaron a mí las palabras: Te amo, lo siento, perdóname, gracias. Y quizás a ti también. Y esto, de lo fácil se haría difícil. Se nos había dicho que la clave era pronunciarlas de manera incesante como la corriente de un río, que de este modo dejaríamos atrás todas las piedras, las cargas ancestrales. Así creamos una red inmensa de humanos limpiando, borrando, re codificando, sanando, creando. Cuando uno de nosotros se cansaba, desde el mismo corazón de la red, otro le animaba, le impulsaba, le abrazaba a través de su amor propio, telepáticamente. El trabajo individual impregnaba al equipo, a la red. Algunos humanos experimentaban lucha, cansancio, fatiga al borrar los programas y memorias de la mente, por lo tanto desertaban y se desplazaban a un nivel menos visible de la red. Eran ayudados de forma más lenta.
Otros humanos necesitaban creer, ¿Funcionará esto tan raro? pero el amor no se trata de creer, sino de ser. Se trataba de que sentir, o decir “Te amo” fuera más fuerte y más poderoso que “Te odio” o “Ya no te quiero” o “Eres tonto” o “no tengo dinero”. Se trataba simplemente de que a cada segundo pudiéramos volver a empezar. El requisito imprescindible era tener corazón de niñ@. Bondad hacia lo vivido. Tolerancia, paciencia, amor hacia el sí mismo.
También hubo quien no encontró la oportunidad de descodificarse a nivel individual, pero que igualmente quedó incluido como parte de la unidad.
En la “cúpula” de la red, y sonriendo, encontramos los humanos que jamás necesitaron pruebas y que habían nacido para “limpiar”, para encontrar adentro todo lo que parecía estar afuera. Ellos experimentaban alegría, y fueron siempre, la fuerza principal.
Latiendo en tu pecho, todos ellos, todo esto.
La misión tuvo éxito. Los humanos del futuro como seres libres, agradecemos cada memoria, puesto que sin ellas no habría existido corrección. Agradecemos cada falla, cada intento, la oportunidad del perdón. La oscuridad que precedió la luz. Agradecemos los dones que aparecieron con el dolor. Los humanos del futuro hemos aceptado todo. Y agradecemos que guardaras este secreto, agradecemos que en tu corazón hubiera amor.
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