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jueves, 24 de septiembre de 2015

El autoconocimiento en el nuevo paradigma: Del sendero iniciático al camino del disfrute

        En todas las tradiciones se ha vivido el autoconocimiento como algo que requiere mucho esfuerzo y sacrificio, esto ha sido recogido hasta en las series de televisión como la mítica “Kung Fu”, en la que un monje shaolín pasa su infancia y adolescencia superando las pruebas de sus maestros.



      En el Paradigma de la Dualidad el autoconocimiento requiere del apoyo y vigilancia constante de un maestro; para buscar la sabiduría interior se necesita de una autoridad exterior que nos guíe. Es  andar un estrecho sendero plagado de dificultades para el que sólo unos pocos están preparados. El autoconocimiento en estas circunstancias no se puede convertir en un bien social, en un derecho de toda persona, por eso hoy en día no está recogido en ninguno de los temarios de los sistemas educativos.
       La humanidad no puede resolver sus problemas endémicos y la educación no puede llegar a su pleno potencial mientras las personas no se conozcan a sí mismas. Para llevar a cabo un proceso
tan importante es necesario sembrar la conciencia de que una segunda alfabetización es necesaria; ya no basta con instruir, es necesario llegar al siguiente nivel: llevar el autoconocimiento a la educación, aprender a conocerse a sí mismo ha de ser un derecho humano reconocido por toda la comunidad mundial.          El viejo principio socrático no se puede llevar a la práctica de forma generalizada, como un derecho humano, a través del viejo Paradigma de la Dualidad, pues las técnicas de autoconocimiento de éste no son  aptas para introducirlas en los sistemas educativos, ni tampoco en lo hogares.
      Es necesario recurrir a los “Nuevos Paradigmas del Conocimiento” para desplegar esta segunda alfabetización del mundo. Estos paradigmas tienen una virtud esencial para lograrlo; sus teorías, sus visiones del ser humano, de la vida, del mismo universo, apuntan siempre hacia el observador, haciéndole cocreador de lo observado: el autoconociento es pues esencial para entender la realidad desde su perspectiva.  Aprender a pensar a través de ellos abre de forma natural nuestra mente hacia el autoconocimiento, de forma que no hacen falta pruebas iniciáticas, ni dones previos en las personas: el “conócete a ti mismo” puede convertirse en algo a disfrutar, en una forma de nutrir nuestra curiosidad y nuestro espíritu científico, el estrecho sendero reservado a unos pocos se vuelve camino transitable para todos.

La sabiduría del viejo paradigma para el autoconocimiento ha de dar
  paso a una nueva mirada en la que no es necesaria la autoridad
 de un maestro exterior para aprender a conocerse.


       El autoconocimiento en este camino requiere trascender los juicios y la educación en autoridades, sólo así se abrirá la puerta a nuestra propia sabiduría. Para conseguirlo es esencial subir las octavas de nuestro nivel emocional  a una “alta frecuencia”, esto garantiza que nuestra forma de pensar sea incompatible con la dramatización de la vida. Nuestra educación en dualidad nos ha hecho dependientes de autoridades exteriores, haciéndonos perder la confianza en nuestra propia sabiduría. Para retirarle el poder a estas autoridades exteriores es necesario contemplarlas desde el humor, pues éste sube la frecuencia de nuestras emociones, ayudándonos así  a relativizar los juicios que nos hacen súbditos de dichas autoridades.
         Patch Adams vivió tan intensamente  los dramas y las tragedias de la humanidad que intentó suicidarse varias veces, hasta que descubrió el poder de subir las octavas de nuestras emociones, el mundo desde esta altura parecía por fin tener solución. Sus frustraciones se transmutaron en creatividad  a través de la creación de un personaje desde el cual podía sentirse él mismo,  había nacido “el efecto Patch Adams”. Su arrojo, su valor, consiguió varios “imposibles”, entre ellos inspirar el movimiento de los payasos de hospital, presente hoy en todo el mundo.
       No podremos superar los dramas de la humanidad mientras no aprendamos a manejar a voluntad la frecuencia de nuestras emociones, sólo riéndonos de nuestros problemas podemos verlos sintiéndonos más grandes que ellos. La risa ha de sustituir a las pruebas iniciáticas en el autoconocimento, no tiene ya sentido buscar la felicidad en las dificultades y el sufrimiento.
      ¿Qué te parece, querido lector, probar la potencia de subir tus octavas emocionales escuchando al auténtico Pacth Adams …?  Hacer el payaso ante las autoridades  que han frenado nuestro autoconocimiento las desarma, abriéndonos la puerta a disfrutar de nuestra propia esencia.

Carlos González - La Danza de la Vida