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lunes, 16 de marzo de 2015

No tengo que entender por qué. Por Viví Cervera

Una de las creencias con las que crecemos, es aquella de que si somos lo suficientemente “buenas” personas, nada “malo” podrá sucedernos. Y es con este frágil concepto con el que nos enfrentamos a un mundo que no tardará en demostrarnos que eso no es verdad. Que en la vida, la mayoría de los eventos tienen lugar de forma brusca e inesperada y que con la lógica suficiente, desde la misma niñez pudo haber sido fácil darnos cuenta de que “nuestra” bondad o maldad es prácticamente irrelevante en cuanto a las continuas y constantes sorpresas que nos da la vida. Que no hay bondad que evite sus bruscas arremetidas.
Sonrío con la frase de DennisWholey:
«Esperar que la vida te trate bien porque seas buena persona es como esperar que un toro no te ataque porque seas vegetariano
Hay montones de gente
“buena” con enfermedades inexplicables, o en la ruina. Y otro montón de gente “mala”, gozando de salud total y nadando en dinero. Y cuando una persona “buena” observa esto, se pregunta: “¿Y qué pasa aquí? Mira cómo le va de bien a ese hombre que ha hecho tanto daño”. Razonamiento bastante lógico si se toma en cuenta la educación religiosa que recibimos. Esta creencia, así como algunas otras, fueron borradas de la mente de muchas personas, a través del estupendo libro de Neale Donald Walsh, llamado “Conversaciones con Dios”. En donde Dios le dice a Neale, que Hitler al morir fue directamente al cielo, lo cual causó revuelo y controversia entre los lectores, puesto que la gran mayoría, por no decir que todos, esperábamos que Hitler estuviera ardiendo eternamente en el infierno.
Ahora la otra pregunta es: ¿Qué es todo esto que nos sucede de forma individual y colectiva? ¿De dónde viene tanto dolor para los seres humanos? ¿De dónde vienen esas dificultades experimentadas por gente “buena”? Porque a estas alturas, tú has visto gente muy noble atravesando penurias y te has preguntado por qué. Yo durante mucho tiempo lo hice.
Y es muy simple. Son memorias. Esa pequeña o gran carga de información con la que vinimos al mundo para experimentarlo tal como se va presentando, tal como es. Las memorias son instaladas en la mente y generalmente se van ejecutando durante toda una vida o durante alguna parte de ella. Todo depende de qué clase de programas se instalen en el ser humano y de cada cuánto pueda absorberlas para dejarlas ir.
A lo largo de la vida y según la programación de cada quien, el ser humano va encontrando senderos, atajos y en ellos señales para superar cada reto. Unos dejarán su vida en ellos, otros los superarán y con ese conocimiento adquirido, con esa fuerza extra, irán por el próximo. La señal para algunos es preguntarse, indagar, rastrear, entender, encontrar. Mientras que para otros la señal puede ser hacer silencio, dejarse llevar, no intentar entender, caminar. Y con hacer silencio no me refiero a la ausencia de ruido. Me refiero a la aceptación de los sonidos o ruidos presentes. Dentro de ellos, las voces de la mente a través de los humanos que caminan a lado nuestro.
Ha tenido que pasar mucho tiempo para que yo me diga:
«No tengo que entender por qué. Sólo tengo que dejarlo ir.»
Que dejar ir los segundos conforme van viniendo es vivir.
Y decírmelo ha sido medicamento, ha sido alivio, ha sido silencio. No tengo que entender por qué. Quizás porque el entramado neuronal es infinito y jamás tendría la causa real de nada. Quizás porque así fui programada o porque una parte de la humanidad cree que puede sanar sin necesidad de buscar respuestas. Sólo dejándose encontrar por ellas. No lo sé. Pero me gusta. Y acepto. Y amo. Y a cada segundo vuelvo a empezar. Aunque no parezca. Aunque no lo esté haciendo, tengo el coraje de volver a empezar.
«Cada paso que damos ha sido cuidadosamente aceptado, perdonado y amado de antemano, por la Inteligencia que nos puso aquí.»
Entonces se trata de cómo percibo al mundo. Los “buenos” y los “malos” están en la memoria de quien así los mira. Y cuando esto se olvida con justa razón, y nos peleamos con la vida, pues también es parte del plan divino para que podamos “jugar”, ya que esto es lo que nos permite re comenzar.
Juguemos pues. Gracias por leerme.
Viví