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martes, 20 de enero de 2015

Las personas tóxicas no existen. Por David Barrera

Las personas tóxicas no existen, no te lleves a engaños. No espero que estés de acuerdo con esto, si eres habitual de mi blog bien sabrás que mi intención no es generar consenso y sí abrir pensamiento y generar reflexión, así que no espero que estés de acuerdo conmigo, esto es solo mi opinión: las personas tóxicas no existen.

Eso s
í, si eres de los que crees que las personas tóxicas existen tendrás que aceptar que tú también eres una persona tóxica en algún momento para alguien. Lo contrario no sería honesto.

Por cierto, en este art
ículo no hablo de
“personas buenas” o “personas malas”, tampoco hablo de personas “peligrosas” para la sociedad, ni de personas que cursan alguna “patología”, no soy tan ambicioso. El objetivo es más sencillo y únicamente trato de hacer referencia al índice de toxicidad que las personas somos capaces de generar en nuestras rutinas y en cómo esto redunda en nuestro bienestar.

No son tóxicos, eres permeable

Decir que existen “personas t
óxicas” me parece una solución facilona y demasiado sencilla. Etiquetar a una persona con el adjetivo “tóxica”, además de lo que significa ‘etiquetar’ a alguien, implica admitir que te está contaminando, lo que quiere decir tenemos abiertas demasiadas puertas por donde se nos están marchando las ganas, las energías y la motivación.

Nuestro sistema emocional es necesariamente de “naturaleza abierta”, lo que quiere decir que recoge informaci
ón del exterior y en base a ella emite una respuesta u otra. Cuando consideramos que alguien es tóxico estamos dejando que las conductas y actitudes de esa persona se nos cuelen de tal manera que nos acaban condicionando los pensamientos y sentimientos, convirtiéndolos en incómodos y negativos, y lo peor de todo, estamos dejando que sea esa persona la que nos marque nuestra propia pauta emocional. Conclusión: le estamos dando demasiado poder a la otra persona.

Quiz
ás, tu creencia de que existan personas tóxicas sea directamente proporcional a tu “permeabilidad emocional”, algo que depende de uno mismo, que se puede gestionar y que se puede aprender a gestionar. No es fácil, no es imposible.

D
éjamelo decírtelo con otras palabras: en última instancia tú abres y cierras tus puertas, y con lo que entra por tus puertas tienes la libertad interior de hacer lo que quieras.

Las personas tóxicas no existen, las relaciones tóxicas sí

Las personas t
óxicas no existen, las relaciones tóxicas sí. Relaciones que mantenemos y que nos desgastan, nos erosionan, nos agotan… todo esto y más, pero son eso “RELACIONES”, con su “componente bidireccional” incluido.

Reconozco que en las relaciones es muy f
ácil confundir “la persona” con “la conducta”, y son dos cosas diferentes. Me explico: ¿Alguna vez has sido algo cabroncete? ¿Nunca?…, venga piénsalo bien, si eres de los que has dicho que sí: ¿Eres por eso “un cabroncete”?… probablemente no, no lo seas, lo que hiciste fue una “cabronada” pero tú no eres un “cabroncete”.

F
íjate bien, detrás de cada conducta hay una explicación, siempre hay algo. La mayoría de las veces implícito y que condicionan a la persona. No estoy justificando nada, porque hay cosas que son difíciles de justificar, y hay “cabronadas” que son una “cabronada injustificable”.

No obstante, s
í me gustaría que pensaras que es bastante injusto para ti que te conviertas en esclavo de la torpeza social y/o emocional de otras personas sea esta torpeza intencionada o no. O siguiendo con el ejemplo de antes: “si una persona hace cabronadas, más allá de pensar si es un cabroncete o no, tampoco es lo mejor ponerme a merced de esas cabronadas y que sean éstas las que me condicionen mis pensamientos, mis sentimientos y mis días”.

La gestión de las relaciones

¿C
ómo te lo montas cuándo en las relaciones que mantienes se genera demasiada toxicidad? ¿Qué haces? ¿Qué puedes hacer? ¿Cuánto espacio mental/emocional/o incluso físico le dejas a esa relación?

Con todo esto que estoy escribiendo no quiero que te lleves la idea de que pienso que todo el mundo es bueno, no es eso. Tampoco quiero que pienses que te estoy sugiriendo que pongas una barra libre para todo el que llegue. Si no te apetece ponerle una copa a alguien, pues no la pongas. Siempre tienes la posibilidad de “reservar el derecho de admisi
ón” a quien tú quieras, y lo que marca la diferencia es que tanto cuando quieres ponerle una copa a alguien, como cuando no quieres hacerlo, que lo hagas “con clase”.

Es verdad que hay relaciones que son m
ás fáciles de gestionar que otras. No es igual gestionar una relación simétrica en la que participas, que una relación de tipo jerárquico. No es igual la intensidad emocional de unas relaciones y otras, y a mayor intensidad emocional mayor complejidad en la gestión. No es fácil, no es imposible.

Eso s
í, no te olvides que al final tienes algo de lo que nadie te podrá privar, y es la libertad interior de decidir cómo quieres vivir esa relación: no puedes cambiar a la otra persona, a veces tampoco puedes cambiar el escenario en el que se produce esa relación, pero sí puedes optar por “cómo quieres vivir” todo esto, qué versión de ti se va a articular en estas condiciones y si vas a ser tú quien decida, o será la otra persona la que lo haga por ti.

¿Qué genera la toxicidad?

Pues no lo s
é, no sabría responder a esta pregunta de manera definitiva, pero probablemente alguien que genera toxicidad hacia los demás sea alguien que no mantiene una relación saludable consigo misma. Es más que probable que esa persona tengas asuntos no resueltos, diálogos internos que no son del todo cordiales. Lejos de victimizar a nadie, la persona que genera toxicidad es probable que se haya convertido en una víctima de sí mismo, y que ese resentimiento se escape de manera nociva hacia los demás.

Tú también generas toxicidad…

…a otras personas, y seguramente la mayor
ía de las veces ni te das cuenta de ello. Y además, también puedes que estés generando toxicidad para ti mismo/a:

    Cada vez que decides que “eres lo que otros dicen que eres”
    Cada vez que decides “sentir lo que otros quieren que sientas”
    Cada vez que decides “vivir seg
ún lo que otros quieren que vivas”
    Cada vez que decides “no actuar en funci
ón a lo que crees que es lo correcto para ti”

Relaciones saludables

En definitiva, cu
ídate para mantener una relación saludable contigo mismo, decide lo que quieres ser y llévalo a la práctica (pero decídelo tú); ten confianza en tus propios sentimientos y emociones y escucha qué te están transmitiendo, qué información te da tu estado emocional; vive según tus propias decisiones, recuerda que lo que tú no decidas lo decidirán otros por ti; actúa en función de lo que crees correcto para ti de una manera ecológica.

Y recuerda, en tus relaciones y con cortes
ía siempre “puedes reservarte el derecho de admisión (emocional)”.

Fuente www.procesosyaprendizaje.es