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miércoles, 9 de octubre de 2013

Mi País soy yo. Por Jocelyne Ramniceanu

Mi querido país está dividido, me pregunto si yo también lo estoy…. Pues sí, a veces me siento dividida por dos grandes emociones, el amor y el desamor, y allí englobo el dolor, el temor, la rabia y todos sus matices. Estamos en un mundo dual y la única manera de contrarrestarlo es centrarnos en nuestro corazón, encontrando el equilibrio, la paz, recordar quienes somos realmente y desligarnos de la ilusión de nuestra mente.

¿Suceden injusticias? Si en mi país suceden demasiadas injusticias, podría decir que son terribles. Entonces me pregunto si soy justa conmigo misma, si me trato con consideración o tal vez es lo opuesto,….  observo en mí desde la forma como me alimento, como cuido mi cuerpo, mis hábitos, como trato a otros seres etc. Y de repente viene a mi mente una situación donde me sentí injusta…

Sucedió
con un gato, tengo ya 6, más de la cuenta para mi gusto, porque fueron llegando dos de ellos por separado, pequeñitos, buscando comida y al darles el alimento se fueron quedando . La otra gata que yo tenía hace 3 años, al no prestarle mayor atención quedó embarazada y luego tuvo cinco gatitos. Logré solo regalar a dos de ellos. En vista de esto hace tiempo tomé la decisión de no alimentar más a otros gatos que se acercaran del vecindario, que entran a la casa por el patio o el jardín del frente, a comer las sobras de mi perro. Mi numeroso grupo de gatos, menos mal que se van de paseo a otros lugares por largos períodos, y aparecen solo cuando tienen hambre, respetando un poco mi espacio.

Hoy ante la lluvia, en el patio trasero, uno de esos gatos grises aparentemente buscaba un lugar donde cobijarse; entró en la casa y apenas lo vi, lo espanté como siempre hago. Cuando este me miró, de repente sentí la injusticia, sentí como el pobre gato me miraba afligido.  Ya alimento a 6 y según mis creencias es suficiente. Este gato que siempre está escondiéndose al acecho entre las puertas y los rincones a la intemperie, observa como es marginado y solo cuando puede, sin ser visto, se apodera de alguna de las sobras. Si tal vez él pensara o pudiese hablar, me estaría diciendo…. “¿Por qué a ellos sí y a mí no me das nada?”. Sentí lástima cuando corrió entre la lluvia en búsqueda de un nuevo refugio para cobijarse, pero mi decisión era firme,  NO tener más gatos. Y así me sentí: INJUSTA….
sé que son creencias, como también son creencias las injusticias que veo afuera, con mis hermanos humanos, en mi país, en el mundo. Las injusticias las veo porque me siento injusta.

Mi país está dividido, hay intolerancia y también hay violencia. Me reviso y reconozco esto como una parte de mí, donde encuentro que hay días o más bien ratos que me percato de mi intolerancia cada vez menos frecuente. Si en mi experiencia veo violencia enseguida renace la violencia en mí, cuando veo una injusticia reacciono. En el tráfico, si alguien me grita, etc. Ya con la práctica y la autoobservación, me doy cuenta de ello y lo limpio, no me engancho fácilmente pero aún es parte de mi sistema de creencias.

En mi país hay escasez y pobreza, me pregunto cuántas veces no me he sentido con las ansias de comprar algo que a mi juicio me pareció costoso y no lo he hecho por la creencia de que no tengo suficiente. Ya hoy en día me doy cuenta que no necesito prácticamente nada o casi nada para ser feliz y estar en paz. Hoy en día estoy abierta a recibir porque sé que somos abundantes.  Aun así de vez en cuando se me escapa algún pensamiento, aún la mente me atrapa y siento necesidades y creo que si obtengo esto o aquello seré feliz. Luego que lo obtengo vuelvo a sentir que hay algo más que necesito y así sucesivamente ya que la felicidad aparente que consigo con el nuevo objeto desaparece hasta que consiga el próximo. La mente nos crea necesidades porque tenemos creencias y nos apegamos a las cosas materiales.

En mi país la gente sufre porque yo sufro,  me duele el fallecimiento de mi hijo que se marchó hace apenas dos meses y veo como la violencia se lleva la vida de otros seres humanos. ¡Mi país soy yo!
¿Cómo no ver en mi país aquello que ya está en mí? ¿Es el mundo que veo un reflejo de mi interior? ¿Dónde radican los cambios para ver la unión en mi país y en el mundo?

A mis queridos compatriotas les sugiero que encuentren la paz en su interior. Nuestras creencias las podemos ir limpiando y eso no significa no hacer nada, significa que aquello que hagamos sea desde el amor y la paz, dejándonos guiar desde el corazón y no desde nuestros programas, creencias o memorias; no desde el temor.

Si lo que llamamos lucha para un cambio no toca primero nuestros corazones, nada podremos cambiar allá afuera en el mundo. Todo cambio comienza con nosotros mismos. Nuestra lucha comienza con las creencias que nos quitan la paz.

La paz en el país, en la sociedad, en mi medio ambiente comienza con mi propia paz, no hay paz afuera si no la puedo sentir en mi interior. La paz comienza conmigo… y con nadie más.
Todo lo que queremos del afuera lo tenemos que lograr en nuestro interior, con nosotros mismos. No hay otro lugar, las apariencias no son más que proyecciones de nuestro estado interno.
El mundo que vemos es nuestro reflejo. Eso es todo lo que es. Todo, absolutamente todo son experiencias, y depende de nosotros que hacemos con ellas. No hay nada correcto o equivocado, malo o bueno, nosotros somos quienes le damos significado a lo que experimentamos, todo es neutro. El mundo es neutro. Todo es mental. La creencia crea la experiencia.

No podemos hablar de paz si no la sentimos, es algo que quisiéramos tener pero no tomamos la decisión de sentirla y le damos poder a lo externo cuando lo externo es solo el resultado. Lo externo es el efecto de nuestro interior. La causa está en mí.

Cuando nos sintamos completamente en paz, los cambios se darán porque esa es la vibración a la cual estaremos conectados.

Cuando vemos odio en otros, es porque no nos damos cuenta del odio que sentimos, y la única manera de contrarrestarlo es enviando amor a esa situación que nos quita la paz, enviándole amor a nuestra percepción de aquella persona que nos hace sentir mal, asumiendo la responsabilidad por aquello que estamos sintiendo.

Despierta y sueña el sueño que prefieres soñar. La realidad física funciona como un espejo aunque el efecto no se perciba de inmediato. La realidad física es sólo un reflejo de lo que creemos individualmente y de quienes nos rodean que resuenan con nuestra vibración.
El cambio para producirse, debe iniciarse en nosotros para que se vea reflejado en el exterior y no al revés.

Yo soy responsable por todo lo que siento, y está en mí y solo en mí ver el mundo de otra manera. Y esto ocurre cuando transformo las creencias que me quitan la paz.

No necesitamos crear LA VERSIÓN DE LA REALIDAD que queremos, ella ya existe. Funcionamos como una radio, solo tenemos que cambiar de emisora. Todas las estaciones ya están sonando, solo debemos sintonizarnos con esa realidad que preferimos

Te amo.

Jocelyne Ramniceanu