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sábado, 15 de junio de 2013

Pinche tirano por Viví Cervera



Nota: la palabra “pinche” es de uso coloquial y en ocasiones peyorativo en México principalmente, no siendo así en algunos otros países de América Latina. Juan Matus era mexicano, de ahí su expresión hacia el tirano.

Un(a) pinche tirano(a) es aquella persona que sin motivo aparente lastima,
tortura, humilla, ofende y hiere de forma constante a un guerrero o a una guerrera hasta causar su muerte. Fue gracias a todo el sufrimiento que soportó cuando joven en manos de un capataz, que Juan Matus le pudo enseñar a Carlos Castaneda* la cualidad de encontrar el lugar y el momento adecuado para todas las cosas.

Resulta que el indio Juan, ingenuo para ese entonces, fue engañado por un par de capataces para que trabajara en una hacienda bajo las órdenes de uno de ellos y desde el primer momento el capataz le hizo entender de la peor manera quién mandaba. Juan Matus era obligado a trabajar de forma salvaje y era castigado constantemente sin que hubiera el menor motivo para ello. Es esta la principal característica de un pinche tirano: ataca y castiga sin que su víctima tenga idea del porqué. Arremete sin que haya provocación aparente hasta matar. Así transcurrió el tiempo hasta que un día intentando escapar, el indio fue balaceado por el capataz, quien de inmediato lo dio por muerto.

En ese mismo lugar, Juan fue rescatado por su benefactor, quien curó sus heridas y lo cuidó hasta que pudo hablarle con sinceridad. “Debes regresar allí, le dijo; ese capataz es un tesoro.” (Cuando leí eso me pregunté: ¿Un pinche tirano es un tesoro? Vaya descubrimiento!).
Y entonces con toda una estrategia de por medio, Juan Matus regresó. Con una conciencia diferente aguantó de nuevo toda suerte de vejámenes y malos tratos, estudiando los puntos débiles del pinche tirano, actuando con estrategia y esperando el momento perfecto para darle caza. El final de esa historia es que el capataz herido en su orgullo y en su ego, persigue más despiadadamente aun al indio y es precisamente en una de las trampas que le tiende en los establos, que un caballo acaba con su vida, mientras Juan observaba la escena.

Debajo de la categoría de “pinche tirano” está la de “pinche tiranito” que es aquel que no busca exactamente la muerte física de su víctima, sino enojarlo, herirlo, golpearlo, mancillarlo, empequeñecerlo lenta y dolorosamente.

Pero un pinche tirano es un tesoro y pobre de quien no encuentre uno o una. Yo tuve la fortuna de encontrarme con una “pinche tiranita”, y fue gracias a ella como lancé mi carrera, fue gracias a ella que cambié mi vida y descubrí mi verdadera esencia. Esto fue algo que logré sin violencia, sin contraataque, sin estrategia. Lo hice sanando dentro de mí, la parte que la contenía a ella, mientras pronunciaba: te amo, lo siento, perdóname y gracias cada vez que la veía, la escuchaba o la recordaba, a veces con lágrimas en mis ojos. Ahora la recuerdo con gratitud porque sin ella yo jamás habría alcanzado el nivel de conocimiento que poseo.
Escribiendo esto recuerdo que una amiga entró a trabajar en una empresa del gobierno, donde a diario era maltratada por su compañera de trabajo y jefa inmediata; una mujer sufrida y llena de dolores que jamás dejaba de atacar como si una deuda de almas estuviera pendiente, lo que en parte y en muchos casos es verdad. Pero ella no contaba con el entrenamiento espiritual de mi amiga, la cual comenzó a “desactivarla” pidiéndole perdón y dándole gracias cada vez que la escuchaba. (Esto no siempre es posible y quiero dejarlo en claro contigo, perdonar y agradecer mientras eres humillad@ es casi un imposible para cualquier ser humano y no quiero que te culpes si no logras resolverlo de esta manera. Si reaccionas mal, si respondes, si gritas, si te alteras el doble que tu tirana, apruébate y sigue adelante. Todo es una lección de vida incluso el enojo).

El caso es que pasó algún tiempo, mi amiga encontró un nuevo trabajo y dejó atrás todo lo sufrido con su jefa. Pero habiendo transcurrido unas semanas, sonó el teléfono de su casa, y era ella, su jefa quien la llamaba de nuevo, pero esta vez no era para ofenderla sino para pedirle perdón por todo lo que le había hecho. Y lo hizo de una manera tan sentida, que mi amiga le respondió que todo estaba perdonado de antemano, que todo estaba bien entre las dos. La mujer colgó el teléfono en paz. Una pinche tiranita había sido desactivada.

El pinche tirano o tiranito no es más que un programa de la mente subconsciente y se instala en algún momento del tiempo en seres humanos, animales, objetos o situaciones y se desinstala cuando la divinidad lo cree pertinente. Hay muchas formas de desinstalarlo y es esa que tengas a tu alcance la que es perfecta. No la mía, no la que te comentan, no la que te cuentan, sino esa que surge cuando estás soportando un gran peso sobre tus hombros. Si al inicio, a través o después de caminar por ese pasadizo oscuro logras decir un TE AMO para ti, lograrás una transformación total. El punto clave para que recibas los regalos de un pinche tirano es declararlo inocente como ser humano y localizar en la memoria que te une a él, la raíz de tu dolor.

Ahora sé que si Juan Matus no hubiera conocido a su tirano, los libros de Castaneda jamás se habrían escrito y tú no habrías leído esto. Entonces, pobre de ti, si todavía no encuentras a tu pinche tiran@ o tiranit@ y pobre de ti, si encontrándol@ l@ desaprovechas.

Tres libros de Carlos Castaneda hacen referencia al tema del pinche tirano: “Las enseñanzas de don Juan”, “Viaje a Ixtlan” y “El fuego interno”.

Gracias por leerme.

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