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viernes, 14 de junio de 2013

De la soledad al encuentro de tu mejor amigo. Por Isha



En estos tiempos en que miramos las noticias de lo que sucede y nos sentimos sobrecogidos y desolados, y ese sentimiento se ahonda si nos conectamos con el pasado, con lo que teníamos, con los afectos perdidos y todo lo que ya no está, sentimos eso como el peso que ha dejado el transcurso de los años, la historia. Muchos se conectan con un vacío y se lo atribuyen a la falta del apoyo emocional externo, a que nadie se preocupa por ellos o a la falta de la pareja, del amigo, de la familia. En fin, los motivos son distintos. Muchos están lejos de su tierra, movidos por necesidades económicas, y no logran enraizarse o sentir que pertenecen.

Cualquiera que sea la causa, el sentimiento de soledad aprieta el corazón,
cierra la garganta, nos hace meternos y vivimos en pánico y angustia. Nos sentimos víctimas del desamor. Muchas veces este sentimiento lo tenemos aunque estemos rodeados de personas, pero nuestros viejos dolores, nuestras protecciones para no sufrir y tantas cosas más, nos hacen impermeables a compartir los afectos.

De esta manera no podemos recibir, no podemos detectar lo que viene hacia nosotros, lo que nos quieren dar, ya que ese sentimiento cierra las puertas. Otras veces estamos tan aferrados al pasado, a castigarnos por lo que no hicimos o por lo que nos salió mal, o tenemos tantos resentimientos que son como una coraza de acero que ya no nos permite ni acercarnos, que sólo existe eso para nosotros: el viejo sentimiento de reproche, de rencor por algo que ya sucedió. Y es así como cerramos las puertas a la vida y a las nuevas vivencias compartidas. Generalmente no nos damos cuenta de que, a los únicos que el resentimiento realmente lastima, es a nosotros mismos.

Estos rumores subterráneos nos quitan fuerzas, nos quitan ganas, y nos hundimos en ellos. Es un enfoque de nuestra mente que repite el pasado, que no nos permite vivir el presente y que no ve el futuro, sólo ve lo mismo que ya fue. Mi intención en este encuentro es compartir una invitación a dejar ir el pasado y abrazar el presente, nuevo, fresco, con inocencia, dicha y amor. Esto es lo que tuve que descubrir yo para salir de mi propio sentimiento de soledad y abandono en el que estaba inmersa ahogándome en los miedos, y que hasta que no toqué fondo, no pude salir. Es bueno tocar fondo, ya que sólo hay una dirección hacia la cual ir, y es saliendo de ahí, haciendo lo opuesto de lo que hemos hecho hasta ahora, y sobre todo, amando ese lugar en el que nos sentimos víctimas tan sólo por vivir.

Tenemos una tendencia automática que a veces se transforma en adicción: sufrir. Mi invitación es a descubrir algo que está esperando a ser despertado en ti, está adentro, en tu corazón, por el mero hecho de que eres humano. Y este camino te lleva a vivir en amor-conciencia. Cuando expandimos el amor incondicional en nosotros, deshaciéndonos de los miedos y del bagaje que nos agobia y separa, la soledad es un sentimiento que ya no existe. Comienzas a abrirte a recibir, pues te estás diciendo SÍ a ti mismo, a la vida, estando presente en cada momento con lo que es en lugar de estar ausente, agobiado por lo que fue y encapsulado por el miedo a que se vuelva a repetir.
La conciencia jamás está sola. Observa a los niños: ellos juegan solitos, imaginando cosas, sintiéndose completos dentro de sí en cada momento. NO piensan “sería más feliz si tuviera más amigos”, ellos no piensan así. Sólo crean su propio entretenimiento. Todo lo que necesitas está dentro de ti. La conciencia jamás está sola, porque se está amando a sí misma. Disfruta de sí misma y vive completa dentro de sí. Puedes estar en una sala con cien personas y sentirte solo, porque el estar contigo mismo es insoportable: “No me gusta estar solo, necesito a alguien o algo que me distraiga y me mantenga alejado de mí”. Pero si estás anclado en el amor-conciencia puedes estar solo pero nunca sentirte solo, puedes elegir estar con alguien, pero en realidad no necesitas de nadie. Lo que creemos que necesitamos es una idea, porque buscamos fuera, porque nos alejamos de la fuente, porque tenemos el hábito de ver el vaso medio vacío en vez de verlo medio lleno.

¿Qué sucedería - y esta es mi propuesta en este encuentro - qué sucedería si cada vez que sientes que te falta algo y que diriges la mirada hacia afuera a buscarlo, paso seguido a no encontrarlo, paso seguido a sentirte pesado, sin ganas, triste, sin fuerzas, desalentado, o como sea, como si tuvieras un gran bagaje que pesa cada día más, qué sucedería si te enfocaras en apreciar las cositas más pequeñas que te rodean, apreciar, aunque no tenga sentido, la florecita diminuta que casi pisaste y que en su pequeñez goza de una perfección de líneas, de formas, hasta de aroma, que es de maravillarse? ¿Y si aprecias al niño jugando, al perro custodiando su hueso, a la mamá que toma a su pequeñita, a la pareja que camina sosteniéndose en un abrazo como si no existiera nada más en el mundo, a la nube que está por tapar al sol, al sonido del tráfico tan ruidoso que casi podría ser una sinfonía desafinada, y así, todo lo miras con apreciación? Notarías que algo en tu pecho, en lugar de apretarse, se empieza a abrir, y hasta en algún momento tal vez te encuentres con una sonrisa que se esboza desde dentro hacia afuera.

El apreciar es como decir sí a todo, y tal vez, sólo tal vez, hasta notes que comienzas a emanar ese SÍ y a atraer la atención de otros que vibran en esa sintonía. Pero sin expectativas, no para conseguir algo, sino para vivir el momento con otro sentimiento, con otro color. Aprecia tu hoy. Y escucha, escúchate profundo dentro y verás cómo la soledad ha quedado atrás y has encontrado ya a tu mejor amigo. Y así, sanando la separación de ti mismo, tampoco te sentirás separado del resto. Cuando el amor está fluyendo desde dentro de ti puedes dar a los otros, y también encontrar, lo que estabas buscando en tantas partes y con tantas personas: tu mejor amigo. Estaba todo el tiempo esperándote, estuvo siempre allí, en tu corazón.

Isha