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sábado, 5 de mayo de 2012

Cuando nos sentimos víctimas de acoso. Por Isha



Por Isha

Diariamente hay gran cantidad de situaciones en las que podemos sentirnos víctimas de acoso de algún tipo. Escuchamos las noticias y vemos que Lady Gaga se reúne con el Presidente Obama para pedir una nueva legislación, a fin de proteger a los niños víctimas del bullying, acoso escolar y discriminación sexual que llevó al suicidio a un adolescente. Todos estos eventos acontecieron en la semana de celebración mundial de la Paz.

¿Qué es lo que hace que alguien llegue a ese punto de desamor consigo mismo, de desesperación y autodestrucción? ¿Cuántos de nosotros no hemos sentido acaso esa intensidad de falta de autoestima, teniendo toda nuestra valía depositada en nuestro entorno, en lo que los otros piensan o dicen, o actúan con nosotros?
Yo he conocido esos extremos.
Mi miedo al abandono, producto de mi adopción, permanentemente me llevaba a ese sentir. Son los juicios que tenemos con nosotros mismos, es ese lugar donde el prejuicio o la discriminación de los demás hacen blanco en nuestra propia falta de seguridad, valoración y amor.
Para mí, la única manera en que nos podemos enfrentar al acoso de todo tipo, sea en el trabajo, en la escuela, en nuestro entorno social, del tipo que sea, es aumentando cada cual, en relación a sí mismo, la auto-valoración, la auto-estima, el auto-reconocimiento, y al ser esto una experiencia individual, la podremos transformar en grupal.
Una mujer que se valora como tal y está segura de sí misma, no permitirá ser acosada, o extorsionada por no ceder al acoso en su lugar de trabajo, tendrá ante esa situación un no claro y conciso por su respeto a ella misma y el conocimiento de sus derechos. Un niño o un adolescente que se siente querido, aceptado y apoyado en su hogar, no permitirá el maltrato verbal, psicológico o físico, siendo una víctima pasiva de ello. En su lugar, hablará, denunciará ante los adultos lo que sucede y lo que necesita. No creerá que hay algo malo con él, pues está amando, se siente amado. Sus padres, con el ejemplo, enseñan esto, y la comunicación será abierta y fluida.
Si ya has tomado contacto con tu baja autoestima y te estás planteando aumentar la valoración de ti mismo al expandir tu conciencia y dejar ir los miedos que te limitan y que tienen que ver con la aprobación que puedas recibir del afuera, ya estarás abriendo las puertas para encontrar el amor interior. El solo hecho de enfocarte en eso, en ti mismo, en escucharte, en ser, es el primer paso para el cambio. Cuando uno se ama a uno mismo, no anda ni comparando, ni preguntando - ¿me quieres más a mí o a él?,- no. Ni siquiera se cruzan por la mente esas preguntas, porque tienes tanto amor interno por ti mismo que no piensas, solo das esa riqueza, ese amor, porque sabes y estás en contacto permanente con la fuente interna, y conoces tu grandeza.
De modo que es en esto en lo que te tienes que enfocar, siempre en valorarte, en conocerte más. Es imposible no amarse así, y verás que, a paso seguido, te sentirás conectado con la fuente del amor incondicional. Ese amor que yace en todo es una energía que solo busca compartir y dar más amor, en la forma que sea, como sea que en tu hacer se plasme. Y de ese modo te valorarás aún más. Este es el cambio que tienes que poner como prioridad. Antes de cambiar algo externo o enfocarte en más de esto o más de aquello, tiene que estar ese amor internamente.
Ya sé, a todos nos enseñaron que eso es ser egoísta, pero no lo es. Yo no te puedo amar si no me estoy amando, es una cuestión de sentido común, no te puedo sostener en tu grandeza si no conozco la mía, yo no te puedo enseñar a nadar si yo no sé cómo hacerlo, porque nos vamos a ahogar juntos.
Para poder dar amor, yo tengo que ser abundancia de amor, en mí, en mi compartir, en mi pensar, en mi sentir, en mi ser. Tengo que saber lo que soy, conocerme para darlo, así que cambia esa percepción. Primero me elijo a mí, elijo la conciencia, elijo la sanación, y luego me transformo en el amor, y entonces puedo sostener todo. Todo, en forma abundante.
Pero cuando constantemente estamos tratando de tomar del afuera, estamos perdidos, ni siquiera nos tenemos a nosotros mismos. Necesitamos que alguien nos cuide, - ¿Quién me apoyará a mí si yo no lo puedo hacer? Ah, tú me tienes que apoyar, me tienes que decir que yo valgo, me tienes que decir que me amas, así me siento segura - . Eso es tomar.
Amarse a uno mismo es dar. Te invito a cambiar la percepción. Amarse a uno mismo es no ser egoísta, es lo opuesto, te transforma en un vehículo de amor, y luego podrás dar sin límites. Yo no tengo límite, no hay límite, es una forma de ser, y uno no se cansa jamás dando, es inacabable. Y así, vamos disolviendo de nuestra realidad esa sensación de carencia, de falta, de dependencia del afuera para satisfacer algo que necesitamos. Y entonces nos transformamos a nosotros mismos y a nuestro entorno en un fluir generoso y abundante de amor que guiará nuestras acciones, con el consecuente sentir de auto-realización que se va expandiendo sin límites, creando una nueva experiencia de vida personal, familiar, social y global. Te invito a experimentarlo.
Recuerda que aquello en lo que te enfocas es lo que cobra poder, lo que crece y creas a cada paso. Entonces intenta, cuando tienes que enfrentar una situación, elegir un cambio de enfoque, ya que si quieres un resultado diferente, tendrás que hacer algo completamente diferente. ¿Qué sería esto? En vez de enfocarte en tus temores, inseguridades, en que te den o te demuestren, da el primer paso con un sí a la oportunidad que la situación te brinda, para crecer, para experimentarte, para valorar tu cambio y tu evolución.
Anímate a cambiar esta idea que tienes de tí mismo y que vas retroalimentando, y verás que, al valorarte, tendrás una nueva experiencia, recibiendo también la valoración, ya que tu universo te refleja siempre aquello que estás experimentando. A preparase para recibirlo.