Gracias

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domingo, 13 de noviembre de 2011

Carta a mi Cuerpo. Por Estela Luz


Cuando abrí los ojos por primera vez en este mundo, estabas conmigo pero era demasiado pequeña para darme cuenta de tu presencia.
No entendía mucho lo que sucedía y no sabía distinguir la diferencia entre los demás, tu y  yo. No entendía de límites, sentía que todos éramos uno solo.

Con el tiempo fui creciendo y supe de tu existencia, fuiste quien guió mis pasos, quien me permitió vivir las más lindas experiencias, quien me hizo sentir la suavidad en los pétalos de las flores, el calor del sol, la fresca sensación del agua recorriendo mi piel.

Gracias a ti pude saborear las más jugosas y dulces frutas,  oler los perfumes más ricos y los sabrosos olores que emanaban de la cocina de mi madre.

Dejaste que todos los colores del mundo inundaran mi alma conjugando los más hermosos paisajes para mi, me permitiste ver  noches de luna llena y  cielos con infinitas estrellas.

Hiciste posible que me enamorara con las melodías más inspiradoras y que mi alma se elevara más allá de todo lo imaginable.
Me llevaste tan lejos como quise pero siempre me trajiste de vuelta, te volviste cuna para cobijar durante nueve meses la vida que crecía en tu interior, contigo bailé, soñé, imaginé, amé, acaricié, lloré, reí, viví…

Hoy quiero agradecerte por no haberme fallado nunca, por haber hecho por mí,  más de lo que yo hice por ti, por permitirme estar aquí.

Y quiero pedirte perdón por no haberte valorado como te merecías, sé que por capricho, ignorancia o soberbia, te exigí más de lo que podías dar y tu me respondiste igual, incluso estando enfermo yo te seguía exigiendo sin darme cuenta que me pedías descanso, atención y un afecto que sé, que no te di durante mucho tiempo.

En algunos momentos de mi vida, te rechacé por pensar que había cosas que tenías en exceso o quizás te faltaban.
Con mis actitudes a veces te maltraté, te ignoré tantos años…sin darme cuenta que sin ti, no podría seguir adelante en esta vida.

Hoy, con unos cuantos años ya, te miro y te agradezco por traerme hasta aquí, por hacer posible mi vida y permitirme crecer.
Te prometo mimarte, darte toda la atención que necesitas, aceptarte como eres, amar cada una de tus arrugas, de tus canas, cada una de las huellas que el tiempo haya marcado sobre ti.

No te sientas solo porque te abandonara durante mucho tiempo, aunque físicamente fuéramos uno. Ahora volví con más consciencia de quién  eres y de quien soy.

Gracias, me siento tan orgullosa de ti y te amo, porque a partir de ti expandiré mi amor hacia los demás.